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Sobre el cancer
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"La Terapia Eubiótica o Euterapia biológica y nutricional se sitúa en la linea de las terapias immunitarias, pero actúa también en otros ámbitos. Así pues, la autovacuna activa el sistema immunitario, haciendo que las células cancerosas sean reconocidas como enemigas por los limfocitos, pero además se actúa en la rectificación celular, lo cual consiste en dar elementos de calca, de imitación al cuerpo, para que de esta forma rectifique el camino equivocado que ha determinado la patología cancerosa. "

La terapia eubiotica

La terapia eubiótica aborda el problema del cáncer plurifactorialmente. Así pues, encontramos que la terapia immunitaria consta de tres métodos que a la vez se les suma una dieta específica para conseguir el efecto deseado. Por ello, decimos que esta terapia se encuentra dentro de las terapias immunitarias pero que además aborda otros aspectos como veremos seguidamente.

RECTIFICACIÓN METABÓLICA

Uno de los dos grandes pilares de la terapia de Jordi Buxalleu es la rectificación del metabolismo celular. Así, modificando el metabolismo celular y partiendo del mecanismo de calco, de imitación, que tienen los organismos vivos es posible llegar a rectificar la célula cancerosa. Eso se lleva a cabo con la propia sangre del enfermo, reofreciendo al organismo péptidos-proteínas-aminoácidos rectificados en su metabolismo, es decir, oxidados y etilados, y a fuerza de repetir el ofrecimiento durante años llega un momento en que el organismo enfermo vuelve a la normalidad. Este complejo aminoácido utilizado para rectificar las alteraciones protoplasmáticas de la célula se compone de proteínas adecuadas a cada caso, individualizando el tratamiento de acuerdo con las características de la enfermedad y el paciente. Teóricamente el complejo actúa sobre las enzimas y en cascada sobre la composición de las membranas y los aminoácidos intracelulares. «Pero en mi método, la idea central es siempre la oxidación y la etilación de los aminoácidos intracelulares. Siempre es la oxidación», explica Buxalleu. «Lo que yo hago es oxidar y ofrecer el oxidado y entonces la célula, el organismo, lo que hace es copiar este modelo y a base de ir ofreciendo ella misma va rectificando. Este es el sistema: oxidar y etilar».

Otra modificación clave que este investigador introduce en las células cancerosas está basada en una curiosa propiedad de los seres vivos llamada homoquiralidad. La homoquiralidad es la propiedad de las moléculas esenciales de la vida, aminoácidos, azúcares, etc., de orientarse en el espacio hacia la izquierda (levógiros) o hacia la derecha (dextrógiros). Estas moléculas pueden existir en dos formas diferentes, idénticas en todo, pero una de las cuales es la imagen especular de la otra, como si una fuera el reflejo de la otra en un espejo o como si fuesen una mano izquierda y una mano derecha (de aquí su nombre, quiralidad).

En los seres vivos todos los aminoácidos que los forman son levógiros, se orientan hacia la izquierda. Y una de las alteraciones que definen el cáncer, en un tanto por ciento de las células cancerosas, no en todas, es que los aminoácidos cambian de sentido polarizador y pasan de ser levógiros a volverse dextrógiros. De aquí, Buxalleu dedujo, que al organismo le resultaría muy difícil metabolizar estos péptidos «porque el cuerpo no tiene ninguna enzima dextrógira. Al no tener ninguna enzima dextrógira, entonces este péptido dextrógiro no se puede destruir, y va creciendo y creciendo y va tejiendo y tejiendo», señala.

Es decir, en los aminoácidos, si el grupo básico está en un lado y el ácido en el otro, que es lo normal, el levógiro, estos péptidos se dan la vuelta, se transforman en dextrógiros. y con este vuelco que hacen no hay manera de encontrar ninguna enzima en el cuerpo que pueda detener esta vía metabólica, sino que va creciendo, creciendo, creciendo, porque no lo puedes parar. Entonces, yo lo que hago es darle la vuelta de nuevo. Bien, no exactamente. Utilizando ciertas sustancias como por ejemplo sales platínicas, entre otras, puedes convertir el dextrógiro en un mesómero, capaz de girar tanto a la izquierda como a la derecha. Y al darle la vuelta otra vez, teóricamente tengo que obtener un resultado para parar estas moléculas que crecen» explica Buxalleu. Esta maniobra es siempre previa a cualquier otra, pues sin una correcta orientación de los aminoácidos (levógira) es imposible incidir sobre ellos, por ejemplo, para oxidarlos. Toda esta actuación se realiza in vitro.

«Creo que el sistema ha de tener un efecto gatillo  o multiplicador, si no, no me explico cómo actúa», señala este médico. «Al paciente le inyecto tan sólo medio centímetro cúbico de sangre modificada en días altemos, que es realmente una cantidad muy pequeña, así que a la fuerza ha de producirse este efecto gatillo . En caso contrario mi sistema sería de imposible aplicación pues tendría que estar sangrando continuamente al paciente».

Para que el sistema funcione bien, lo ideal es aplicarlo tres veces por semana. Con dos veces por semana el tumor se mantiene y una sola vez a la semana no es efectivo, pues el cáncer vuelve a rebrotar. «No es un método caro y además no es necesario que el paciente venga cada vez a la consulta, especialmente los que están bastante mal y les supone un problema desplazarse. En estos casos extraigo 25 centímetros cúbicos de sangre del paciente, trato el plasma, se lo envío y él se encarga de aplicárselo en los días determinados. Muchos pacientes han visto remitir su enfermedad después de cuatro años de aplicarse el tratamiento. Algunos más optimistas se han tratado sólo dos años y después de un año de encontrarse bien, la enfermedad ha vuelto a rebrotar. No obstante, al tratarlos de nuevo, han vuelto a sanar», explica el doctor.

«Este es un proceso largo, pues lo que se hace es enseñar al cuerpo la manera como funcionaba antes; la idea es enseñar al cuerpo el metabolismo que antes tenía y que ahora no tiene. Se lo has de ir repitiendo. Y cuando tú le enseñas al cuerpo una y otra vez una cosa, la hace por aquel camino, eso está admitido, yo lo que hago en mi terapia es aplicar este principio, esta capacidad de calco , de imitación que tiene el cuerpo». Lo ideal, para poder decir que la enfermedad está bajo control es realizar como mínimo de siete a diez años de tratamiento. «Algunas personas mejoran mucho y abandonan el tratamiento; no entienden que aunque ya se encuentren bien deben continuar porque sino el cáncer puede volver a rebrotar», señala Buxalleu.

CONTROL DE LOS PACIENTES

Para controlar el estado de sus pacientes, este médico se basa en el nivel de las globulinas a2, que siempre suben. «Está admitido que las globulinas a2 son las transportadoras de las lipoproteínas y dado que estas suben cuando la persona contrae una enfermedad cancerosa, (pues como ya se ha explicado la célula cancerosa es una célula con un exceso lipídico), igualmente subirá el nivel de las al. Con mi tratamiento las a2 y, por tanto, las lipoproteínas bajan». También baja la velocidad de sedimentación globular (VSG) que en el cáncer se eleva por encima de los niveles normales, mientras que los eosinófilos suben y los linfocitos se normalizan.

Es decir, de entrada, al iniciarse un cáncer, el sistema inmunitario reacciona con fuerza, por eso suele haber una linfocitosis, o sea un gran aumento de los linfocitos, pues el sistema inmunitario, ante la alteración que supone la enfermedad cancerosa, se pone en estado de alerta. Ahora bien, «si el enfermo claudica, se produce una fuerte linfopenia», es decir una gran disminución de las tasas de estas células inmunitarias en el líquido sanguíneo.

Estos son los cuatro indicadores que valora el Dr. Buxalleu desde siempre, en las analíticas efectuadas a los pacientes. Y desde que han empezado a utilizarse los marcadores tumorales, también las cifras de estos marcadores que evolucionan paralelamente a los anteriores indi- cadores con una progresiva disminución a medida que la enfermedad va retrocediendo.

AUTOVACUNA

El tratamiento diseñado por el Dr. Buxalleu consiste en la extracción de sangre al paciente, que es modificada y a continuación reinyectada de nuevo (sólo se reinyecta el plasma). El problema del cáncer es que, dado que son las propias células del organismo las que provocan la enfermedad al reproducirse descontroladamente, no son atacadas por el sistema defensivo del organismo como se precisaría. Con la modificación que introduce el Dr. Buxalleu, las células sanas pueden reconocer como enemigas a las cancerosas, es como si les hiciera una especie de marca. «Lo que hace falta, es dar el aviso al sistema defensivo del organismo que cree que son células propias para que vea que son células perjudiciales. Eso se hace sacando estas células que, teóricamente, nadan por la sangre, modificándolas y reinyectándolas de nuevo».

Las células cancerosas tienen una habilidad diabólica para eludir al sistema inmunitario. Saben enmascarar sus antígenos (toda célula expresa antígenos en su membrana (1) y luchar eficazmente contra las células inmunitarias y aunque hay diferencias antigénicas entre las células normales y las cancerosas -debidas a proteínas diferentes que producen los genes mutados- estas diferencias son débiles y no siempre se expresan en la superficie celular (2). Pero los científicos han encontrado que vacunando a los pacientes con antígenos derivados de tumores, algunas veces pueden estimular a los linfocitos a atacar los tejidos cancerosos (3). Es exactamente lo mismo que sucede con la vacuna de Buxalleu pero ésta (precursora de las actuales vacunas en experimentación) tiene las ventajas sobre las elaboradas con antígenos tumorales, de que se trabaja con los antígenos del propio paciente y con todos ellos.

Es decir, para que se entienda más claramente: cuando se elabora una vacuna a partir de células tumorales no siempre se trabaja con células provenientes del tumor del paciente, sino que puede tratarse de tumores ajenos en cultivo. Y, muchas veces, estas nuevas vacunas se basan en un solo antígeno, por ejemplo el CEA (antígeno carcinoembrionario) expresado en cánceres como los de estómago, páncreas, esófago, cuello de útero, mama o colon o el PSA, (el antígeno específico de la próstata), mientras que al trabajar con la sangre se trabaja sobre todos los antígenos que expresan las células cancerosas del paciente, muchas de las cuales se encuentran en el líquido sanguíneo.

La célula cancerosa, a diferencia de las células normales, adquiere una movilidad que no tienen sus hermanas y eso le permite viajar más allá del tejido, a través de los vasos sanguíneos. Es decir, aunque en el organismo hay células que pueden moverse libremente por todo el organismo como los linfocitos, las células de un tejido como por ejemplo una mucosa no tienen esta movilidad.

Pero como ya se ha dicho, las células cancerosas son células poco diferenciadas, muy similares a las embrionarias. De aquí su propiedad de migrar hacia otros puntos del organismo a través de los sistemas linfático y circulatorio y colonizar otros tejidos; así se forman las metástasis. Y al contrario que las células normales, que morirían, las células cancerosas pueden sobrevivir en la sangre (4). Tal y como explica Lucien Israel en su libro Cáncer: realidad y perspectivas, «una célula cancerosa en contacto con un capilar es capaz de separar dos células de la pared de este pequeño vaso, de deslizarse al interior y de viajar así en el torrente circulatorio, Allí donde su hermana normal moriría al estar sometida a variaciones de la tensión de oxígeno entre los tejidos periféricos, al atravesar el corazón o los pulmones, o en la sangre arterial, la célula cancerosa sobrevive».

Los efectos a nivel inmunitario de la terapia desarrollada por el Dr. Buxalleu pueden comprobarse en los análisis efectuados a los pacientes que siguen su tratamiento, ya que, como se menciona unas líneas más arriba, en todos los casos suben las tasas de eosinófilos (considerados muy importantes en la inmunidad antitumoral así como en los fenómenos alérgicos y en la defensa antiparasitaria) y se normalizan las de los linfocitos, ambas, células del sistema inmunitario.

También la fiebre que sigue a la aplicación de la vacuna es una señal de la reacción de defensa del organismo, A la mañana siguiente de inyectarse, los pacientes siempre presentan una fiebre muy ligera, de 37.1, 37.2, 37.4 grados y, pasado un día más, desaparece. «Si inyectara una dosis mayor, la fiebre podría llegar a 38 o 39 grados. Pero eso, en muchos casos podría ser muy perjudicial para el paciente. Por eso soy muy cuidadoso con las dosis», explica Buxalleu.

Además, este efecto inmunitario se reforzaba antes con la adición de gamma globulina, inyectada junto con el plasma del paciente, si bien ahora este medicamento ha desaparecido del mercado. (Concretamente ha desaparecido la gammaglobulina pura, si bien continúa vendiéndose este producto mezclado con otros compuestos).

También de la maniobra utilizada para rectificar la quiralidad de las células cancerosas, explicada en el apartado anterior, se puede deducir un efecto inmunitario. Es decir, en la inmunidad anticuerpo- antígeno, a un anticuerpo levógiro le es imposible actuar contra un antígeno dextrógiro. Al retomar los antígenos a la orientación levógira que les es propia, los anticuerpos pueden reconocer y actuar contra unos antígenos nuevamente levógiros.

Además, para reforzar el estímulo al sistema inmunitario, el Dr, Buxalleu utiliza a menudo un derivado de la anapsos, una planta que tiene la virtud de aumentar mucho los linfocitos T4, más efectivos en la lucha del organismo contra el cáncer y hacer bajar los T8, no tan efectivos. «Eso lo utilizo como complemento terapéutico cuando la tasa de linfocitos baja», explica Buxalleu. «No por sistema, pero cuando veo que los linfocitos están por debajo de unos límites, utilizo la anapsos como refuerzo».

DIETA Y OTROS COMPLEMENTOS

Para conseguir que el tratamiento tenga efecto, el ph sanguíneo del paciente tiene que ser más bien básico, por tanto se le prescribe una dieta alcalinizante evitando la ingesta de ácidos, además de grasas como la mantequilla, la manteca o la carne de cerdo, de azúcares, de alcohol, tabaco y excitantes, y, en cambio, consumiendo frutas y verduras en abundancia (exceptuando como ya se ha dicho las ácidas, como cítricos, fresas o tomates), alimentos ricos en oligoelementos, que son muy importantes porque aumentan la capacidad defensiva, alteran el medio y dificultan la progresión de la enfermedad cancerosa.

La ingestión diaria de dos cucharaditas de bicarbonato alcaliniza aun más la sangre. «A mis pacientes les receto una cucharadita o dos al día de bicarbonato», explica el doctor. «Y eso tiene un precedente. Hace años un profesor de universidad japonés había conseguido prolongar la vida de sus pacientes inyectándoles una solución de bicarbonato por vía intravenosa. En general recomiendo evitar todos los alimentos que sean ácidos y las aguas con gas (ácido carbónico) para conseguir una tendencia a la alcalosis y a basificar el plasma pues se ha demostrado que en un medio ácido, el cáncer se propaga a gran velocidad. Si bien es cierto que la sangre de estos pacientes tiende a la alcalosis», continúa, «eso se debe a una reacción defensiva del organismo. No se trata, pues, de un síntoma que haya de ser combatido; al contrario, es conveniente potenciar esta basificación del plasma. Por tanto, yo aún la alcalinizo más, suministrándole bicarbonato, ya que para que mi método funcione hace falta que el plasma tenga un ph adecuado. Si el plasma no tiene un ph adecuado no se hace esta reacción.

«En general, receto también magnesio, pentotenatos y vitaminas, incluyendo la vitamina C. Esta última vitamina es un ácido, el ácido ascórbico, pero con la ingesta de bicarbonato queda totalmente anulado su efecto no deseable».

Este es, en síntesis, el método desarrollado por el Dr. Jordi Buxalleu, que recalca la importancia de seguirlo estrictamente: «Eso es importante, que no se descuide absolutamente ningún detalle. Porque si nos descuidamos un solo detalle, entonces toda esta maniobra es como si tirásemos agua: no va bien».

Este sistema es de aplicación exclusiva (no tendría sentido aplicarlo junto con otros tratamientos como la radio o la quimioterapia) pero se complementa bien con la extirpación de tumores. «Lo tengo difícil con un paciente que tenga una tumoración pongamos de un kilogramo de peso», explica Buxalleu, «pero en cambio el sistema es muy efectivo con los pequeños tumores, incluso si hay una gran cantidad diseminada por el organismo. Ahora bien, muchos médicos cuando encuentran un gran tumor en el interior del organismo del paciente junto con pequeños y abundantes tumores lo vuelven a cerrar sin extirparlo, la cual cosa es, a mi parecer, un gran error, porque si se retira la masa tumoral, el cuerpo responderá mejor a cualquier tratamiento. Lógicamente es mucho más fácil eliminar pequeños tumores que grandes masas tumorales».

1. La Sangre, Agnes Charpentier, Acento Editorial. Madrid 1999.

2. Cáncer: realidad y perspectivas, Lucien Israel, Acento Editorial. Madrid 1999.

3. Revista Time, 18 de mayo de 1998.

4. Cáncer: realidad y perspectivas, Lucien Israel, Acento Editorial. Madrid 1999.

El texto de esta página está compuesto de fragmentos extraídos del libro "Cáncer: la respuesta ignorada" de Magda Bertran.

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La periodista Magda Bertran en su libro "Cáncer:la respuesta ignorada" ha hecho un importante trabajo de recuento y descripción de la terapia, poniendo énfasis en la relación de esta respecto de otras terapias y destacando la innovación del Dr. Buxalleu

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