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"... comienza a describirse un efecto de aparición de neoplasma secundario, como consecuencia del tratamiento quimioterapéutico"

Artículos sobre el cáncer y su sanación

NEOPLASIA SECUNDARIAS.

Un riesgo del uso de antimitoticos

j.Alvarez-Builla G. Doctor en Farmacia.

Artículo publicado en MUN. FAR. Vol. 5 - Nº 35 - Pág. 98. 1977

RESUMEN: Con el aumento en la utilización de antimitóticos, para tratamiento de distintas formas de cáncer, y del aumento consiguiente de supervivencia en los pacientes, comienza a describirse un efecto de aparición de neoplasma secundario, como consecuencia del tratamiento quimioterapéutico. Palabras clave: antibióticos, efectos secundarios, neoplasma.

En los últimos veinte años, la quimióterapia ha tomado importancia creciente en el tratamiento de las neoplasias. Com consecuencia de la introducción de nuevo fármacos más agresivos y del desarrollo de tratamientos combinados, son cada vez más los supervivientes a largo plazo de algunos tipos de cáncer (tumor de Wilms, leucemia linfolítica aguda, Hodgkin, etcétera.) En determinados casos, los antineoplásicos, se utilizan como tratamiento único, y en otros, se utilizan como coadyuvantes de un tratamiento quirúrgico (1) o de irradiación (2). Este auge se ha producido a pesar de la extraordinaria toxicidad de este tipo de fármacos, que afecta a un gran número de tejidos. Médula ósea, mucosa gastrointestinal, y epitelio germinal, son lesionados en mayor o menor medida por todos los productos; de forma más específica, algunos compuestos son tóxicos sobre el corazón (adriamicina), sistema nervioso periférico (vincristina), pulmón (bleomicina) y riñon (complejos de platino y metotrexate). Sólo la gravedad de la enfermedad tratada justifica el uso extensivo de estos productos en la práctica clínica. Ahora bien, mientras los efectos secundarios inmediatos son bien conocidos, las consecuencias a largo plazo del tratamiento con antineoplásicos están todavía definiéndose en su justa medida. Una de estas consecuencias es la aparición de neoplasias secundarias, inducidas por el propio tratamiento. La evidencia proviene de varias fuentes (3): a) bastantes antimitóticos son carcinógenos en animales de experimentación; normalmente son agentes alquilantes o moléculas que actúan por unión al A.D.N. b) Cada día son más frecuentes las comunicaciones que describen efectos de aparición de neoplasia secundaria. c) Pacientes con tratamientos inmunosupresores parecen expuestos a un alto riesgo de sufrir tumores posteriores al tratamiento (4). d) En algunos pacientes en tratamiento se ha observado la existencia de displasias epiteliales, una posible lesión precancerosa.

En principio, parece paradójica la aparición de cáncer como consecuencia de un tratamiento con antineoplásicos. Por desgracia, los carcinógenos químicos y los agentes alquilantes siguen frecuentemente rutas metabólicas comunes (fig.1). Por activación enzimática o espontánea, ambos forman reactivos electrófilos que lesionan las células al unirse a nucleófilos de las macromoléculas al unirse a nucleófilos de las macromoléculas celulares (por ej. ADN) (5). En el paciente con cáncer, esta lesión se produce tanto en células normales como neoplásicas; en éstas es el efecto buscado, pero al mismo tiempo muchas células normales pueden ser atacadas. Si la lesión en células no neoplásicas puede ser reparada, volveran a ser normales, pero en caso contrario, pueden producirse transformaciones neoplásicas y/o mutaciones.

Estas células transformadas pueden progresar a un cáncer clínicamente aparente si las defensas del paciente son inadecuadas, caso especialmente frecuente en los tratamientos inmuno-supresores (4,6).

Uno de los fénomenos clínicos más descritos, es la aparición de leucemia tras el uso de agentes alquilantes en el cáncer de ovario (7), pulmón(8), cerebro (9), mama(10), etc., así como en enfermedades no neoplásicas, como las nefritis (11), artritis reumaoide(12) y granulomatosis de Wegener (13). En uno de los últimos trabajos publicados (14) Reimer y col., estudian el efecto leucemógeno de los agentes alquilantes sobre 5.455 pacientes con cáncer de ovario; en 13 se produjo leucemia aguda no linfocítica; todos habían sido expuestos a tratamientos de larga duración (entre tres i noventa meses) y el período medio de latencia resultó de uos tres años y medio. Comparando sus resultados con otros dos trabajos anteriores (15, 16), Reimer y col. afirman que las pacientes con cáncer de ovario tienen un riesgo 21 - 36 veces mayor de sufrir leucemia que el resto de la población, el riesgo se hace mayor (66,7 - 171,4 veces) en las que sobreviven más de dos años al comienzo del tratamiento.

Estos efectos, mal estudiados en el hombre, están corroborados por numerosos ensayos realizados en animales de experimentación, por los que ya se conocía el potencial carcinogénico de los agentes alquilantes y otros antineoplásicos, como procarbazina y nitrosoureas (17). Antimetabolitos purínicos, como Imuran, tambien han sido descritos como favorecedores de la formación de neoplasias secundarias, debido a la acción inmunosupresora de este tipo de compuestos. Los antimetabolitos pirimidínicos, sin embargo, como metotrexate y 5-fluorouracilo, tienen muy poca actividadd carcinogénica en animales y no parecen producir riesgos en el hombre.

El estudio de Reimer no es el único en los últimos años se ha multiplicado la publicación de trabajos que describen efectos similares, aparecidos como consecuencia del tratamiento de otros tipos de cáncer (Hodgkin, carcinoma mamario) (18). Como consecuencia, parece necesaria una mayor información sobre los efectos, a largo plazo, de los tratamientos quimioterapéuticos en pacientes afectados; de nada vale el control a lo largo del año siguiente al tratamiento, cuando el período de latencia del neoplasma secundario es mayor de tres años. Por último, sería conveniente valorar con cuidado la necesidad de administrar quimioterapia coadyuvante en pacientes con pocas posibilidades de recaída, así como la necesidad de combinar quimioterapia con irradiación, tratamiento que parece aumentar el riesgo de carcinogénesis.

FIGURA. 1

BIBLIOGRAFIA

1. Bonadonna, G. et al.: N. Engl. J. Med., 294, 405, 1976.

2. D'Angio, G. J. et al.: Cáncer, 37, 1.177, 1976.

3.Harris, C.C.: Cáncer, 37, 1.024, 1976.

4.Penn, I.: Cáncer, 37, 1.024, 1976.

5. Miller, J. A.: Cáncer resp. 30, 559, 1976.

6. Harris, J. et al.: Cáncer, 37, 1.058, 1976.

7. Sotrel, G. et al.: Obstet. Gynecol. suppl. 675, 1976.

8. Garfield, D. H.: Lancet, 2, 1.037, 1970.

9. Cohen, R. J. et al.: Cáncer treat. rep. 60, 1.257, 1976.

10. Ruffner, B. W.: Ann. Intern. Med. 81, 118, 1974.

11. Roberts, M. M. et al.: Lancet, 2, 768, 1976.

12. Tchernia, G. et al.: Blood cells. 2, 67, 1976.

13. Westberg, N. G. et al.: Acta Med. Scan. 199, 373, 1976.

14. Reimer, R. R. et al: N. Engl. J. Med. 299, 177, 1977.

15. Cutter, S. J, et al: J. Natl. Cáncer Inst. 22, 633, 1959.

16. Smith, J. P. et al: Cáncer, 30 1.565, 1972.

17. Sieber, S. M. et al.: Adv. cáncer resp. 22, 57, 1975.

18. Chadner, B. A.: N. Engl. J. Med. Editorial, 297, 213, 1977.

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